|
El primer Bibliobús español acabó en el
exilio de Francia, donde se le perdió la pista para siempre.
La verdad es la primera víctima de las guerras, y detrás
van cayendo otras muchas como este Bibliobús que la
Generalitat catalana puso al servicio de los soldados del
frente.
En los primeros años cincuenta, la
Dirección General de Archivos y Bibliotecas creó la primera
flota de bibliobuses que visitaron los pueblos y las
capitales del país, formada por remolques
enteramente
diseñados por bibliotecarios españoles, que dependían de un
todoterreno para su traslado. Estaban
equipados a la última:
tocadiscos, magnetofón, cine sonoro, escaparate...
La modernidad del desarrollismo fue
cambiando el modelo a favor de los microbuses, inicio de los
que vienen funcionado desde entonces en España.
Al Bibliobús pionero de la Generalitat
se lo llevó la guerra, pero ¿qué guerra terminó con sus
sucesores?
Nos empeñamos en salvar edificios
históricos convirtiéndolos en bibliotecas y olvidamos
conservar el
testimonio de aquellos vehículos que fueron el
único emblema de la cultura para muchos ciudadanos de a pie.
Portugal o Gran Bretaña han sabido
comprender el valor patrimonial de sus viejos bibliobuses
rescatando del desguace y del olvido una representación de
ellos. Nosotros ni hemos sabido comprender su legado ni
hemos sido capaces de conservar los vestigios de su
historia.
Quizá aún no sea tarde. Quizá
administraciones, fundaciones y otros mecenas empiecen a
interesarse por los instrumentos que acercaron la gran
cultura al público más desvalido, en unas condiciones muy
difíciles en muchos casos.
Mientras esta parte de nuestra historia cultural no se
retome ni se considere con el valor que merece, muchos
bibliobuses retirados sufrirán una vez más la decrepitud
del abandono, o continuarán siendo invitados de honor en
la gran fiesta del reciclaje. |